Quizás no necesitas desarrollar una aplicación.

Escribir código es relativamente fácil. Descubrir cuál vale la pena escribir, no tanto.

Si llegaste hasta aquí, probablemente estás evaluando desarrollar una aplicación móvil, una plataforma para tus clientes o algún sistema que facilite un proceso dentro de tu empresa.

Y seguramente ya visitaste varias empresas.

La mayoría promete más o menos lo mismo.

Aplicaciones para iOS y Android.

Diseño atractivo.

Integraciones.

Inteligencia Artificial.

Nosotros también podríamos decirte todo eso.

Pero creemos que la conversación debería empezar por otro lado.

¿Qué deberían poder hacer las personas desde su teléfono?

Porque desarrollar una aplicación no comienza eligiendo una tecnología.

Comienza entendiendo quién la utilizará.

Qué problema tendrá que resolver.

Con qué frecuencia necesitará abrirla.

Y por qué debería preferirla frente a seguir trabajando como lo hace actualmente.

A veces la respuesta termina siendo una aplicación móvil.

Otras veces, una plataforma web que funciona perfectamente desde el teléfono.

Y en algunos casos, una solución interna que combina ambas cosas.

Nuestro trabajo consiste en descubrirlo antes de empezar a desarrollar.

Lo primero que hacemos no es programar.
Es entender.

Y para entender, realizamos este tipo de preguntas:

  • ¿Qué debería poder hacer esa aplicación?
  • ¿Quién la va a utilizar?
  • ¿Cómo resuelven ese proceso hoy?
  • ¿Qué sistemas participan actualmente?
  • ¿Qué pasaría si siguieran trabajando exactamente igual durante los próximos dos años?

Después de más de veinte años aprendimos algo:

Hay empresas que llegan buscando una aplicación.

Otras llegan convencidas de que necesitan desarrollar un software.

Y muchas simplemente saben que algo dejó de funcionar como antes.

Que un proceso demora demasiado.

Que siguen dependiendo de planillas Excel.

Que la información no llega cuando debería.

O que el negocio creció más rápido que la tecnología.

Y, curiosamente...

Eso no cambia nuestra forma de trabajar.

Primero entendemos.

Después proponemos.

Y recién cuando tenemos claridad...

Comenzamos a escribir código.

Todo parte con una conversación.

Si lo que leíste hasta aquí hace sentido para tu empresa...

Conversemos.

  • No para hablar de tecnologías.
  • Ni de pantallas.
  • Ni de cuánto costará un proyecto.

Primero queremos entender qué está pasando.

Después veremos si desarrollar una aplicación es realmente la mejor decisión.

Si aún no estás convencido,
te dejamos algunas historias reales.

Querían acercar la información a sus gerentes.

Una empresa tenía información distribuida en distintas herramientas de gestión y reportería.

Los datos ya existían.

El problema era otro.

Acceder a ellos seguía dependiendo de pantallas, reportes y tiempo disponible.

Después de entender cómo trabajaban, apareció una pregunta distinta.

¿Y si el gerente no tuviera que buscar la información?

¿Y si la información fuera la que respondiera?

Ahí cambió el proyecto.

La solución fue desarrollar una aplicación donde un gerente puede hacer una pregunta utilizando su voz.

La Inteligencia Artificial interpreta la consulta, obtiene la información desde los sistemas existentes y responde en segundos utilizando lenguaje natural.

El gerente ya no necesita buscar un reporte.

Puede hacer una pregunta por voz.

Y obtener una respuesta por voz.

Donde esté.

Cuando la necesite.

Porque muchas veces una buena decisión no puede esperar a que alguien llegue a la oficina.

La aplicación no fue la innovación.

La innovación fue permitir que un gerente conversara con su negocio.

La aplicación nunca fue el objetivo.
Devolverles tiempo a miles de estudiantes sí.

Una institución de educación superior quería acercar sus servicios a los estudiantes.

Muchos trámites seguían dependiendo de horarios de atención, oficinas y largas filas.

La información existía.

Los sistemas también.

El problema era que acceder a ellos seguía siendo más difícil de lo que debía.

Después de entender cómo interactuaban los estudiantes con la institución apareció una pregunta distinta.

¿Y si la universidad pudiera estar disponible desde el teléfono de cada estudiante?

La conversación terminó en una aplicación móvil que permitiera consultar información académica y realizar distintos trámites desde cualquier lugar, sin depender de un computador o de una atención presencial.

Los estudiantes comenzaron a resolver gestiones en pocos minutos.

Cuando les acomodaba.

Desde donde estuvieran.

Y la institución redujo gran parte de las consultas presenciales asociadas a esos procesos.

Cada trámite que un estudiante pudo hacer desde su teléfono...

Fue una fila menos que tuvo que hacer.

No era una aplicación. Era una nueva forma de atender a sus socios.

Una cooperativa quería acercar sus servicios a sus socios.

Muchos trámites seguían dependiendo de una visita presencial, una llamada telefónica o de ajustarse al horario de una sucursal.

La información existía.

Los servicios también.

El problema era que acceder a ellos seguía siendo más complicado de lo que debía.

Después de entender cómo interactuaban los socios con la cooperativa apareció una pregunta distinta.

¿Y si la cooperativa pudiera atender a sus socios desde cualquier lugar y en cualquier momento?

La conversación terminó transformándose en una solución mucho más amplia.

Una aplicación móvil.

Una sucursal virtual.

Y un nuevo sitio web.

Todo integrado para que los socios pudieran consultar información, pagar la cuenta de la electricidad y realizar distintas gestiones desde donde estuvieran.

Los socios ganaron autonomía.

La cooperativa mejoró la experiencia de atención.

Y muchas gestiones dejaron de depender de una sucursal física.

No desarrollamos solo una aplicación.

Ayudamos a transformar la forma en que la cooperativa se relacionaba con sus socios.

La señal no siempre estaba. La aplicación tenía que estarlo.

Una empresa del rubro salmonero necesitaba digitalizar procesos que se realizaban completamente en terreno.

El desafío era evidente.

Los equipos trabajaban en lugares donde la conexión a Internet no siempre estaba disponible.

Podíamos desarrollar una aplicación que funcionara perfectamente.

Siempre que hubiera Internet.

Pero esa no era la realidad de quienes la utilizarían.

Después de entender cómo trabajaban apareció una pregunta distinta.

¿Qué pasa cuando el trabajo continúa... pero Internet no?

Esa pregunta cambió completamente el proyecto.

La aplicación fue diseñada para seguir funcionando incluso sin conexión.

Los usuarios podían registrar toda la información en terreno y continuar trabajando con normalidad.

Cuando el dispositivo recuperaba acceso a Internet, la información se sincronizaba con una plataforma web que también desarrollamos.

Desde allí, supervisores y jefaturas podían acceder a dashboards e indicadores actualizados para monitorear la operación y tomar decisiones con información siempre al día.

La aplicación acompañaba a quienes estaban en terreno.

La plataforma mantenía conectado al resto de la organización.

Todo funcionando como una sola solución.

La aplicación acompañó a quienes estaban en terreno.

La plataforma mantuvo conectado al negocio.

La primera versión nunca hace todo. Y eso es una buena noticia.

Una empresa necesitaba digitalizar la programación diaria de sus transportes.

Durante años el proceso había crecido sobre planillas Excel, correos electrónicos y distintos sistemas internos.

Funcionaba.

Pero cada día aparecían más revisiones.

Más errores.

Y más coordinación entre personas.

La empresa ya conocía una aplicación muy completa utilizada dentro de su industria.

Nosotros conocíamos muy bien esa aplicación.

Porque años antes también habíamos participado en su desarrollo.

Después de entender cómo operaban apareció una conclusión distinta.

No necesitaban una aplicación con cientos de funcionalidades.

Necesitaban una aplicación diseñada para su forma de trabajar.

Solo con las integraciones que realmente aportaban valor para esa operación.

Con su plataforma GPS.

Con sus sistemas internos.

Y preparada para seguir creciendo.

En lugar de intentar resolver todo desde el primer día, propusimos comenzar con un MVP.

Una primera versión enfocada en simplificar la operación desde el primer día.

Y preparada para evolucionar junto con el negocio.

No desarrollamos una copia más pequeña.

Desarrollamos la aplicación que realmente necesitaban.

Todo parte con una conversación.

Lo primero que haremos será escucharte.

Después vendrán las preguntas.

Y, si creemos que desarrollar una aplicación es la mejor solución para tu negocio, te lo diremos.

Y si creemos que existe un camino mejor...

También

Porque nuestro trabajo no consiste solamente en desarrollar aplicaciones.

Consiste en ayudarte a tomar mejores decisiones y disminuir el riesgo de los proyectos tecnológicos.